Company Logo

Agenda

Marzo 2017
D L M X J V S
26 27 28 1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31 1

¿Quién está en línea?

Hay 13 invitados y ningún miembro en línea

Me resulta triste, extraordinariamente triste, sentarme una vez más ante el ordenador para pergeñar unas líneas de recuerdo de un compañero, de un amigo, de una persona querida. Y van...
No me mueve, lo aseguro, el prurito de ser leído por alguien. Sólo me motiva el convencimiento de que las palabras se las lleva el viento y el deseo de paliar, de algún modo, la inevitable “damnatio memoriae”, la condena al olvido de los que ya han dejado de estar entre nosotros, por más que, en el caso de Jesús, sirva de recordatorio la autoría de un buen puñado de libros. Pero no es al autor, sino al hombre al que quiero, aquí y ahora, rendir homenaje.


Recordar, además, a Jesús Serrano es volver, en este año de cincuentenario, a los primeros tiempos de este añoso, pero entrañable edificio del Instituto Santa Eulalia.
En la segunda mitad de los sesenta del pasado siglo el franquismo se lavaba la cara: aceptación internacional del régimen por mor de la guerra fría y de las posibilidades de negocio; inversiones de empresas extranjeras en España; afluencia de divisas procedentes de la emigración y de un turismo internacional, cada vez más numeroso; incipiente industrialización e inicio del “boom” de la construcción, sobre todo en costas y playas...
Todo ello trajo como consecuencia, entre otras muchas, la ampliación de la clase media, una de cuyas aspiraciones era que sus retoños tuvieran unos estudios y unas posibilidades de promoción de las que sus padres habían carecido.
Los viejos institutos de enseñanza media eran incapaces de albergar el cada vez más creciente número de chicos y chicas que a ellos acudían. Y llegamos así a la construcción de este edificio que, comparado con la vieja casona de la calle Moreno de Vargas, es como si fuera un trasatlántico en vez de un transbordador.
Y no sólo era necesario espacio material, también se necesitaban profesores. Y así fue como Jesús, un vallisoletano recriado en Zafra y licenciado en Germánicas por la Complutense, llegó al Santa Eulalia, junto con toda una cohorte de profesores no numerarios –“penenes”- que, en años sucesivos, constituyeron, constituimos la inmensa mayoría del Claustro de Profesores del Centro.
Demostración palpable de que en aquellos años el régimen franquista sólo se lavaba la cara, pero en lo substancial, seguía siendo represivo y castrador, era, entre otras lindezas, el que para poder seguir siendo “penene” se necesitaba jurar los Principios Fundamentales del Movimiento y que fueran favorables los informes que la guardia civil recababa de la directiva del instituto, de las fuerzas vivas de la ciudad y hasta de tus convecinos.
Jesús se puso a la vanguardia de la lucha, no ya por la estabilidad en el empleo, sino de unas condiciones de trabajo mínimamente dignas. Y no sólo eso. Contribuyó, en la medida de sus fuerzas y desde todos los frentes que le fueron posibles, a acabar con la dictadura y a propiciar el advenimiento de un régimen de libertades. Todas las plataformas eran utilizables: Juventudes Musicales, bajo cuyo amparo se creó un cineclub y se pudo conseguir que en Mérida se escucharan, en vivo y en directo, las canciones de Pablo Guerrero, de Aguaviva, de Cecilia...; el teatro, con montajes, en el salón de actos del Santa Eulalia y en otros centros de la provincia, de obras como “Tiempo del 98” o “La Casa de Bernarda Alba” –¡su Federico del alma!-, y, por supuesto, la palabra, la docencia.
Pocos profesores del Santa Eulalia han dejado, como Jesús, un reguero tan enorme de adhesiones inquebrantables, un recuerdo emocionado de los que tuvieron la suerte de ser sus discípulos. Todos ellos hablan de su bondad, de su entusiasmo, de su competencia, de la libertad que reinaba en sus clases y del trato afectuoso y cercano a sus alumnos...Todos ellos dicen que, más que enseñar literatura, les enseñó a amar la literatura.
Se fue Jesús del Santa Eulalia, después de ganar la cátedra de Lengua y Literatura Españolas, a la costa granadina –Federico, de nuevo- a Almuñécar, en donde con interrupciones variopintas –comisión de servicio en el Instituto Español de Tetuán; asesorías ministeriales, de nuevo, en Marruecos y en Hungría- acabó jubilándose y ha acabado falleciendo.
Fue autor de diversos libros, de tema literario, tanto en castellano como en alemán. Me hizo el honor de confiar en mí para la presentación en Mérida de la penúltima de sus publicaciones , “De Vírgenes, Poetas y Verdugos. El Martirio de Santa Eulalia, de Prudencio a García Lorca”, un exhaustivo y riguroso, pero ameno estudio de todos los textos eulalienses hasta desembocar en el romance lorquiano, y acababa de publicar una, creo que novela, su primer trabajo de ficción, en el que el humanista extremeño, Pedro de Valencia, tomaba el papel de protagonista.
Sirvan estas modestas líneas para homenaje y recuerdo de un colega, de un amigo y de un profesor que ha contribuido, poderosamente, a cimentar el prestigio del Instituto Santa Eulalia de Mérida.

Luis A. Argüello García




Powered by Joomla!®. Designed by: joomla 1.6 templates web hosting Valid XHTML and CSS.

Administrador página: Mar Pozo